Discusión con la muerte
Una narración entre la realidad, la ciencia, la religión y la ficción
LEER UN CUENTO EN TRES MINUTOS, NO HACE DAÑO
La presente narración es inédita; mezcla de realidad, ciencia, religión y ficción ¡DISFRÚTALA!
DISCUSIÓN CON LA MUERTE
––Ven.
––No.
––¡Ven, te digo! ––Insistió en tono imperativo.
––¡No quiero, no te tengo miedo! – Repliqué entre asustado y firme.
Esa fue mi respuesta ese día a aquel ente etéreo, sin forma, que se escudaba en medio de una nube entre blanca y gris. No se dejaba ver el rostro, solo era una silueta; su voz pretendía ser sublime, pero fingía. Insistía en llevarme, intenté correr, pero se interpuso explicando su labor, yo, argumentando mis responsabilidades:
––Tengo proyectos, mi familia y el pueblo me necesitan, aún soy útil. No voy a ir contigo – Me rebelé y le di la espalda.
Pero ella, impávida, con facilidad increíble, me detuvo y me cargó en sus brazos, mi cuerpo parecía de algodón, no opuso resistencia. Me llevó directo del kay pacha (tierra) al hanan pacha (cielo) Me abandonó en la puerta, entre dormido y atolondrado. A lo lejos, se oía la canción “Puertas del cielo” de mi artista favorita: Jessly Velásquez. Siempre fui admirador de esa voz.
––Tarea cumplida, tayta san Pedrucha – dijo y desapareció.
––¿Estoy muerto? – Me pregunté – ¿por qué me trajo directo aquí y no a otra parte? Será porque soy buena gente, casi un santo – pensé, en un atisbo de alta autoestima.
Mi memoria empezó a trabajar reconstruyendo los hechos de aquel día en que me dio un infarto al miocardio. Recuerdo que estuve haciendo deporte con mis amigos recorriendo la cancha sin cansarme, como nunca; de pronto, el corazón no respondió a tanta exigencia, el pecho me empezó a doler, creí que era la flema que no podía expulsar; acto seguido, los ojos se me nublaron, mi cuerpo perdió fuerza, me desvanecí y me fui sumergiendo en ese espacio nebuloso y profundo llamado “sueño”, del cual, algunos despiertan y regresan vivos, otros, quedan dormidos para siempre y no retornan; es decir, están muertos. Esto acaece en escasos segundos. Muchos han narrado esa experiencia. Por eso es que, en los hospitales, no dejan dormir al paciente cuando está en situación similar.
Mis amigos, posteriormente, contaron que, en ese lapso, me vieron caer, de inmediato, me incorporé intentando mantener la vertical, al instante, volví a caer. Ese proceso se dio por tres veces, hasta que, alarmados, me recogieron desvanecido y condujeron al centro médico, donde me dieron la asistencia profesional correspondiente. Tuvieron que evacuarme a Huancavelica; como el caso era grave, de inmediato me derivaron a Huancayo y, de allí, a Lima al Instituto Nacional del Corazón INCOR, donde la ciencia hizo su papel, los médicos dijeron que, diez años atrás, esa operación se hacía con corte, el afortunado salía vivo; caso contrario, salía en ataúd. Ahora no, es fácil, ––“tan fácil que, hasta me da sueño” –– dijo el médico.
Cuando aquel ser me dejó en la puerta del cielo con mis reminiscencias, escuché abrir la puerta, me puse de pie; frente a mí se hallaba el guardián del cielo, hombre de talla alta, pelo y barba blanca, rostro adusto y portando un bastón grande. Asumí que era San Pedro. Amablemente me dio la bienvenida y me preguntó:
––¿Nombre?
––Me dicen Sensei
––No pregunté por tu apodo, tienes que decirme tus generales de ley.
Le dije mis dos nombres y apellidos completos.
––¿Cómo sabes que te toca llegar al cielo?
––Me corresponde, porque vengo del infierno, … del matrimonio.
El vigilante del cielo vio en mí a un palomilla inofensivo. Sonrió, sacó una lista de nombres, buscó los datos mencionados, no estaba el mío; solo encontró un dato con mis dos nombres y primer apellido iguales, pero el materno, diferente. Le aclaré que eran los datos de mi padre. Sorprendido y mirándome fijamente, dijo:
––¡Pucha! nos hemos equivocado de persona. Esa señora parca ya está caducando, se confunde siempre, ya va a morir; ha ido por el padre y trajo al hijo no pedido. Aquí veo que tu fecha de vencimiento está de acá a treinta y seis años, cuando cumplas cien años, tienes para rato. Por favor, discúlpame, puedes regresar tranquilo.
Aliviado por la buena noticia, le agradecí y pregunté si podía aprovechar la visita para saludar a mis amigos y familiares fallecidos. Me dijo que estaba permitido visitar solo a una persona. Sin dudar, le dije:
––A mi pata Cumpa.
––Ya te dije que aquí no admitimos sobrenombres, pero sé de quién se trata.
Pícaro el viejecillo, ahora dejó a un lado las formalidades.
Tan conocido y famoso habrá sido mi amigo artista, que, San Pedro, no necesitó buscar en la relación. Me informó:
––Aquí no está ese pata, está cantando en el infierno con su yunta el santiaguero menor. Ese dúo hidráulico ha convertido el infierno en una discoteca.
––¿Me puedes autorizar una visita breve?
––Puedo disponer que te lleven hasta la puerta del uku pacha (infierno) pero, para que ingreses tienes que pedir autorización a don Satanás. Te advierto que, si entras, tal vez ya no te dejen salir. Después de todo, no eres tan santo. Además, necesitan un guitarrero para su marco musical y les caerías de perlas.
Mi curiosidad sucumbió ante la prudencia. Le dije:
––Mejor que quede ahí no más don Piter, me regreso, mi familia me espera, gracias.
De esa manera, retorné a este mundo con la certeza de que mi fecha de fallecimiento no está cerca. Hasta me siento inmortal. Los que lloraron mi presunta muerte, se alegraron; los que la festejaron, deberán soportarme todavía. Lo siento.
Pasados poco más de dos meses, mi padre nonagenario, falleció por la misma causa: infarto. Ciertamente, se habían confundido de persona.
Como ya sé cuándo he de morir, he iniciado los preparativos para mi fiesta de cien años. Es obvio que los amigos de mi edad no podrán estar presentes, por ello, estoy invitando a sus hijos y nietos. Tú también, querido lector, quedas invitado, pero tienes que cuidar tu salud si quieres llegar. Cuídate, nadie lo hará mejor que tú.
Kawsasunraqmi, pukllasunraqmi, takisunranqmi, tususunraqmi.
––Parafraseando al tayta Arguedas: kachkanchiraqmi…
HÉCTOR MANRIQUE VELARDE
Docente, escritor y compositor lirqueño, Licenciado en Educación, especialidad Matemática y Física por la Universidad Nacional del Centro del Perú, y Magíster en Gestión Educativa. Cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito educativo, habiéndose desempeñado como especialista de la UGEL Angaraes, jefe de Laboratorio de la I.E. Emblemática José María Arguedas de Lircay y docente universitario. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad Nacional de Huancavelica, en el área de Educación-Matemática. Su producción cultural comprende literatura, música y escritura reflexiva. Es autor de las letras del Himno Arguedino (1997), Himno Angareño (2008) y Himno Fernandino de Lircay (2026), además de compositor de más de veinte temas en los géneros de yaraví, huayno y carnavales. Asimismo, dirige la agrupación musical Los Guindales de Angaraes. En el ámbito literario, publicó Carnaval lirqueño en la historia del pukllay anqara (2005), ensayo, y la novela Cordero vestido de lobo (2018), obra seleccionada por la DRE Huancavelica para el Concurso FIREH 2019 y difundida entre estudiantes de las ocho UGEL de la región. Actualmente trabaja en el libro Costumbres de Lircay. Desde 2001 publica y distribuye gratuitamente lecturas reflexivas, con más de 76 artículos orientados a promover la reflexión sobre la realidad local, regional y nacional. Su trayectoria refleja un permanente compromiso con la educación, la cultura y la sociedad, procurando contribuir a su comunidad mediante la enseñanza, la creación artística y la difusión del pensamiento.
Contacto: +51 997 003 540